«El amor duele»
«El amor duele»
Por: Raúl Franco Estrada
Viernes 13 de febrero del 2026
Por fin el mercado del amor, perdón, el mes del amor y la amistad, efectivamente la fiebre por demostrar lo mucho que queremos, amamos y estimamos al prójimo ha comenzado y terminado; los más felices con tales demostraciones son los vendedores de flores, joyerías, restaurantes, hoteles y moteles, en fin todos los que de alguna manera influyen en nuestra cartera para que de manera simbólica demos muestra de nuestro amor en cualquiera de sus niveles de relación entre seres humanos, incluso, hay que decirlo, también para con algunos animales.
No podemos dejar de lado el grado de romanticismo que involucran fechas como la del “día del amor y la amistad”, misma que considero innecesaria cuando tal demostración de sentimiento o emoción debiera ser sin condicionamiento de día especifico; pero en fin, los seres humanos estamos condicionados a que nos recuerden lo que se supone es importante: la familia, la mujer, el niño, la madre, el padre, etc., etc.
¡Gracias, gracias mercadotecnia! Porque no permites que el Halzheimer le gane a la cartera, jajaja.
Todo lo anterior para con la única intención de poner en otro contexto al amor, sí, “cuando el amor duele”, y duele de acuerdo también a la circunstancia de cada ser humano, pues aun doliendo, lastimando más que el cuerpo al alma misma, aun así hay quienes se rinden en actitud esclava y el esclavista, él o ella, ejercen un poder insano, irracional que dista mucho del significado y esencia de amar.

En qué momento se distorsiona ese sentimiento, esa emoción que sin sentido orilla a alguien a realizar acciones que van en detrimento de su persona o contra de un tercero.
En qué momento los padres, por amor, nos convertimos en esclavos permisivos o alcahuetes consientes e irresponsables, y después quejosos del trato que a nuestra estirpe le permitimos y fomentamos nos sorprendemos de lo que propiciamos, ahora el amor duele.
En qué momento, por amor, se justifica que ellas puedan ceder sus cuerpos a un tercero por complacer a su pareja -su dueño supuesto- y prefiere soportar cualquier cosa antes de perder a su amado, “pégame pero no me dejes”, mj, vaya que el amor duele.
¿El amor duele?, sí, cuando el dolor es por la partida definitiva del ser amado y no hay nada que vuelva a la vida a quien, a pesar de todo, seguiremos recordando.
¿El amor duele?, sí, tanto como queramos, como permitamos que duela pues lo mismo duelen los hijos que el ser amado, los amigos como también la patria.
¿El amor duele?, no, porque sé que puedo cerrar el círculo sin culpa, sabiendo que es lo mejor para mí, aunque para otros no.
Siempre el romanticismo histórico que ejemplifica fuerza, superación y sacrificio en aras del amor; en tal sentido entendamos al amor que integra igualmente amistad, no solo deseo y pasión en su simple y amplio concepto, porque igual deseo algo con pasión que disfruto apasionadamente al ser que con deseo desenfrenado me entrego por amor.
No importan las épocas ni latitudes, siempre se ha hablado del amor y sus implicaciones, y por supuesto seguramente por siempre se seguirá con ese sentimiento, de no ser así seguramente no viviré para verlo porque de lo contrario me inmolaría en nombre del amor, ¡uf!, que ridículo pensarán algunos, puede ser, pero quién viviría realmente, honestamente sin amor.
Cuanta miel, ¡huy! Quien se los creé, hasta parecen quererse, ojalá les dure para siempre, si supieran la realidad de la vida después de un tiempo, etc., etc., expresiones como estas una y quién sabe cuántas veces hemos escuchado o manifestado; lo que sí es cierto “nada es para siempre” pues tarde o temprano lo que así pareciera, amor o no, la muerte le da fin.
La diferencia, hasta en tanto llegue la muerte, es la actitud ante el amor, como lo sintamos, cataloguemos o expresemos.

Cómo entender al amor a pesar de discapacidades, carencias, distancias, el tiempo; no lo sé, considero que es cuestión de cada ser humano y que definirlo corresponde no al aspecto gramatical sino al emocional y experiencia de vida, puede haber un común denominador pero no un común amor.
El amor duele cuando no permitimos, a pesar del dolor, que la agonía termine solo con un beso, una lágrima y quizás una sonrisa, cerrar los parpados e iniciar el camino sin retorno.
El amor duele en la pobreza aunque no se quiera, pues el amor no alimenta al cuerpo y si construye distancias, destruye, destruye murallas.
Vaya que el amor duele, preguntemos a la ex-esposa de Mario Vargas Llosa que casi al final de su camino, él suelta su mano otoñal para asirse del cuerpo de la primavera, respirar el aliento cual adolescente con bríos renovados ante la aventura posiblemente inexplicable del amor, aunque el amor duela.
¿El amor duele?, ¡no! Porque entonces deja de ser ese sentimiento que identifica lo mejor de la humanidad, deja de ser la pureza y alegría del alumbramiento de la vida misma, el amor no duele ni daña porque dejaría de ser amor, aunque…, en fin, en ocasiones así lo percibamos, el amor no duele a pesar de que así lo justifiquemos. El amor puede hacernos cometer locuras.
“El amor duele porque quererte me hace daño”.
Lic. Raúl Franco Estrada.
Diplomado en Políticas Públicas, Analista político y social, amplia experiencia en el sector privado y los tres niveles gubernamentales tanto en comunicación social, Dirección, capacitación y resolución de conflictos. Conferencista sobre Desarrollo Humano, Relaciones laborales y sociales.
Autor del Poemario Hojas sueltas; relatos como A una niña, Sueño, Romántico, y otros.
Colaborador en medios digitales y columnista de «EXACTO DE MÉXICO»
Correo: ral.f52_leonardo1109@yahoo.com
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