
La muerte es…mmm.
La muerte es…mmm.
«Lo único seguro que tenemos al nacer es la muerte»
En memoria de Marilu Rosas, QEPD. Hasta pronto querida Dama.
Por: Raúl Franco Estrada
Miércoles 28 de septiembre del 2026
-Sin embargo, aunque por razones naturales por lo que ya he vivido, la luz del túnel está más cerca, por supuesto que no corro hacia ella.
Así como cada año festejamos al amor, a la madre, al padre, el día del nacimiento, etc., etc., también la muerte tiene una fecha, pero para conmemorarla
Tema difícil pero ineludible, ahora bien, la muerte según la óptica particular de cada quien.
Culturalmente, en el mundo conmemoramos de diferentes formas la partida de quienes tuvieron presencia en nuestra vida, honramos su memoria desde la oración, el canto, limpiamos las lápidas y las adornamos con ofrendas que ellos no consumen, incluso rasgamos nuestras vestiduras.
Velamos y lloramos cada año por sus almas ausentes, creyendo que ahora nos acompañan, hablamos con ellos de su paso en la vida, así de como estamos sin ellos, les contamos nuestros planes, cantamos su canción favorita, seguimos pidiendo perdón, etc.
Sí, les dedicamos a nuestros muertos tiempo especial, cuando en vida no lo hicimos. Independientemente de la fecha en que partieron, la conmemoración cultural es algo que no pasa desapercibida.
Sin embargo, la muerte, a los que seguimos vivos, nos sigue doliendo, y en muchos de los casos por la manera en que murieron.
De tal forma, que según hayan partido, es la manera de sentir de los deudos o dolientes.
Si hablamos de los muertos en guerra, los soldados, «es algo normal» ya que el riesgo de morir es parte de su decisión al alistarse, con su muerte algunos serán héroes, otros mártires, también habrá libertadores, a otros se les llamarán asesinos, en fin, tales adjetivos según el bando al que se pertenece. Madres, padres, hijos y amigos les llorarán.
Las guerras, sí, habrá que ver su necesidad o justificación. Siempre cuestionable.
La muerte es algo natural, es normal, sin embargo las circunstancias en que está llega no siempre es comprensible, aceptada o justificada.
La enfermedad terminal, la complicación de la salud o un accidente, pudieran ser justificación del porqué murió una persona; incluso el suicidio.
Sin embargo, la violencia como medio para causar la muerte, miedo y terror, siempre sin sentido, no tiene razón de ser, no hay forma de justificar, ya sea por el dominio territorial de una plaza, ahora por la delincuencia organizada, sobre todo en nuestro país o por el poder político coludido que mira de lado y no de frente.
Cierto es que diariamente se siguen contando muertos en las guerras existentes, que al parecer no tendrán pronta solución; cierto es que la delincuencia a nivel mundial a crecido; también lamentablemente, hay que señalarlo, el odio y la indiferencia, la indolencia y la corrupción son elementos de ese caldo de cultivo para la descomposición social que abona al incremento de muertos sin motivo.
No hay forma de justificar y entender la muerte cuando no hay explicación suficiente que satisfaga, en nuestro país, a las familias de desaparecidos que siguen siendo buscados incansablemente por sus madres, padres, hermanos, esposas y esposos, hijas e hijos, qué se les puede decir que sea suficiente y que no evidencie la inmovilidad institucional.
Tristemente, el gobierno de los tres niveles, no solo de ahora sino de siempre, no han implantado políticas públicas o instrumentado mecanismos convincentes para el logro de, cuando menos, un hallazgo institucional al haber localizado el cuerpo o restos de alguno de tantos que siguen en quién sabe qué parte del territorio, cenizas tal ves, sumergidos en el mar o un río posiblemente.
Sí, los hallazgos, triunfos mínimos, por los restos o indicios encontrados, han sido de las familias y organizaciones civiles . No del gobierno, el de cualquier color, no de la iniciativa política, que incluso pudiera ser rentable para sus objetivos.
Sí, la muerte ya no ronda, transita plácida e incansable en todo el país. ¿Me equivoco? Sinaloa, Guanajuato, Jalisco, Michoacán, Querétaro, Baja California, Tabasco, Quintana Roo, Estado de México, ciudad de México, Chiapas , Chihuahua, etc., solo por citar. Que lo mismo han sido delincuentes muertos, que inocentes.
Quién justifica qué, cuál es la causa de tanta violencia, ¡¿Quién gobierna?!
Este año habrá más fotos en el altar de muertos, se venderán más flor de cempatzuchil, más tequila, mezcal y cerveza, el pan de muerto no será tan dulce, las lápidas serán mas, la música romperá el silencio de los panteones mezclándose con el llanto y gritos desgarradores de los dolientes, reclamando a Dios y exigiendo justicia a una autoridad sin fuerza, sin método, sin herramientas y en algunos casos sin presupuesto.
Este año, espero sea el último en que el incremento de muertos no rebase la esperanza de una sociedad incrédula y que sigue creyendo que no pasa nada, que «estamos mejor que ayer», para no utilizar la tan sobada expresión que dicen algunos: «estamos mejor que en el pasado y lo malo es heredado».
Así es, pues existe otra forma de muerte, «la política», muchas y muchos políticos la han experimentado, algunos revivieron, otros siguen en la tumba del olvido, por eso, para los encumbrados hoy en el poder, de los tres niveles, su esperanza de seguir en la vida política depende de que sus pecados sean menos y mayor sus virtudes, que reflejen la intención de servir y no solo servirse.
Igual hay que decir que son muchos los políticos muertos, sobre todo esté año, ¿motivo?, sin respuesta, al igual que el exagerado número de periodistas que por su quehacer fueron asesinados.

No puedo dejar de mencionar otra forma de presentar y presenciar a la muerte, lamentablemente la de las leyes, sí, cuando estás se trastocan por el interés de unos cuantos, ya sea de quien la aplica o de quien desea sea a su modo, he aquí que: «la ley es letra muerta».
La otra muerte, «la miseria», la de la pobreza extrema, esa carencia absoluta de recursos para subsistir y que tristemente provoca la muerte lenta de millones que la padecen, que no pueden superar por diversos motivos y circunstancias, seres humanos que siguen buscando un sueño que se desgaja a cada paso en caminos intransitables, plagados de más miseria humana y emocional que explota, viola, y asesina a infinidad de personas durante el sinuoso peregrinar hacia fronteras que parecieran la tierra prometida.
También hay muertos en vida, sí, aquellos que emocionalmente se sienten vacíos, al punto de querer morir pues para ellos no tiene sentido la vida. Tema complejo que merece un espacio especial, ya que las motivaciones, sentimientos y emociones son tan fuertes, diversas y profundas que requieren de reflexión respetuosa.
Lo que es cierto, así lo creo, es que hablar de la muerte requiere de mucho tiempo y aunque el tiempo es infinito, el espacio físico de esta reflexión no lo es.
A cada quien le duelen sus muertos, por tal motivo, sin distinción y con profundo respeto está colaboración es por todos, los suyos, los de ellos y los míos.
Por eso, de manera poética puedo expresar que: «la muerte es ineludible, aunque no la aceptemos, pero cuando toque a mi puerta, espero recibirla en paz, habiendo pedido perdón y habiendo amado sin restricción».
Lic. Raúl Franco Estrada.
Diplomado en Políticas Públicas, Analista político y social, amplia experiencia en el sector privado y los tres niveles gubernamentales tanto en comunicación social, Dirección, capacitación y resolución de conflictos. Conferencista sobre Desarrollo Humano, Relaciones laborales y sociales.
Autor del Poemario Hojas sueltas; relatos como A una niña, Sueño, Romántico, y otros.
Colaborador en medios digitales y columnista de «EXACTO DE MÉXICO»
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