Cultura

Tanguyú, la muñeca que se resiste al olvido

Sólo unos cuantos alfareros del Barrio de Bixana, continúan creando la Tanguyú, aunque, el uso es distinto, los anfitriones de una fiesta suelen obsequiar a las invitadas para que bailen

En la época en que no existían los juegos sofisticados, las niñas zapotecas del Istmo de Tehuantepec, al empezar el año recibían como regalo especial a Tanguyú, una pequeña muñeca de barro decorado de colores vivos.

En la actualidad sólo unos cuantos alfareros del Barrio de Bixana, en Santo Domingo Tehuantepec, continúan creando la pieza, aunque, el uso es distinto, los anfitriones de una fiesta suelen obsequiar a las invitadas para que bailen al son de Tanguyú, algunas se la ponen en la cabeza.

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Según cuenta la tradición oral zapoteca, Tanguyú es la representación de la diosa del amanecer que un día apareció en Tehuantepec, pero al ver el desorden causado por su efímera visita decidió irse desilusionada. Por tal motivo, el primer día del año el pueblo zapoteca espera su regreso.

El cariño por Tanguyú se ha inmortalizado en una canción de cuna, en letra zapoteca, sin embargo, corre el riesgo de convertirse en un recuerdo lejano.

Víctor Cata, director del Instituto de Lenguas Originarias del Estado comentó también que en esta época del año, los niños recibían el Basayú, un caballo de barro con jinete (semejante a un campesino), que hoy casi ha desaparecido debido a la baja demanda.

Tanguyú

En tanto, en las comunidades con recursos limitados, las familias se las ingeniaban para elaborar sus propias muñecas, a partir de una calabaza a la que le ponían ojos de frijol, dientes de maíz y cabello de elote.

Cada muñeca era más que un juguete: era un objeto cargado de identidad y memoria, un puente que conectaba a niñas y niños con la cosmovisión y las tradiciones de sus ancestros”, refirió.

 

Con información de Europa Press