La invisibilidad en la «Foto» y la narrativa de igualdad. La Carreta
La invisibilidad estructural tras la narrativa de igualdad
La Carreta. Por Eréndira Córdoba
La reciente imagen de un encuentro entre autoridades y representantes de medios —una fotografía integrada exclusivamente por hombres— no puede interpretarse como un simple descuido, es una de esas imágenes que hablan más por ausencia que por presencia.
Es un recordatorio claro de que la representación femenina en los espacios donde se dialoga, se acuerda y se construye la agenda pública, sigue siendo insuficiente.
Hay imágenes que no solo muestran lo que está frente a la cámara, sino lo que queda fuera de ella.
El discurso político actual sostiene que «hemos llegado todas», pero las cifras demuestran que la presencia de las mujeres en los medios no es una representación, sino una anomalía estadística. Mientras la narrativa oficial celebra la paridad, los espacios de poder y voz pública en los medios siguen siendo un coto cerrado.
Esa foto no es un descuido, es el retrato fiel de una exclusión estructural. Es paradójico que en marzo se llenen los discursos de ‘perspectiva de género’ mientras, en la práctica, se nos borra de los espacios donde se toman las decisiones.
La reciente difusión de una fotografía de un encuentro de alto nivel entre directivos de medios, columnistas, directores de comunicación social y conductores de noticieros, acompañados por el secretario de Gobierno y el Comandante de la XVII Zona Militar —donde la presencia femenina es nula— no es un descuido logístico ni una coincidencia desafortunada. Es el retrato fiel de una exclusión estructural que la narrativa política intenta maquillar cada mes de marzo con discursos de «inclusión» y «perspectiva de género«.

Como mujeres que ejercemos el periodismo y lideramos proyectos de comunicación, nos sumamos a la reflexión colectiva: ¿Dónde estamos las mujeres en los espacios donde se decide la agenda pública?
Cuando una foto pública no incluye a ninguna mujer, lo que se transmite —aunque no sea la intención— es que nuestras voces no son indispensables, que nuestra mirada no es requerida, que nuestra presencia es prescindible.
Y eso, para quienes ejercemos el periodismo desde la convicción y no desde el privilegio, pesa.
Pesa porque sabemos que las mujeres están ahí: reportando, investigando, editando, coordinando, sosteniendo redacciones enteras. Pesa porque conocemos su rigor, su ética, su compromiso. Pesa porque la ausencia en la foto no coincide con la realidad del trabajo diario.
Pero sobre todo pesa porque nos recuerda que la representación no es automática. Que todavía hay espacios donde la costumbre dicta quién entra y quién no. Que aún existen mesas donde la pluralidad se da por hecha, aunque no esté presente.
La ausencia en esa foto es el síntoma de una enfermedad más profunda: el ahogamiento económico de los medios dirigidos por mujeres. No basta con preguntar por qué no fuimos invitadas; hay que preguntar por qué el sistema financiero de medios sigue operando bajo un pacto de exclusividad masculina.
No es un incidente aislado. Es un llamado a revisar cómo se integran las convocatorias, cómo se eligen las voces que participan y cómo se garantiza que los espacios institucionales reflejen la pluralidad de quienes ejercen el periodismo en nuestro estado.
Cuando una mesa se conforma únicamente por hombres, la conversación pierde matices, perspectivas y experiencias que son indispensables para comprender la realidad en su totalidad. La diversidad no es un adorno; es una condición para el rigor democrático.
Los datos internacionales lo confirman:
Las mujeres representan sólo el 26% de las voces citadas en noticias.
Apenas el 27% de las jefaturas editoriales están ocupadas por mujeres.
1 de cada 4 voces es femenina y menos del 30% de los líderes editoriales son mujeres.
El 18 % son directoras de medios de comunicación en Querétaro.
Sólo el 6% son propietarias.
La nota roja y el amarillismo son mayormente difundidas por hombres, cuya editorial está dirigida y ceñida al mandato de un masculino. Las secciones de policiaca, crimen y seguridad son asignadas en más del 70% a hombres en medios tradicionales. Lo que por supuesto pesa y dirige la perspectiva de una sociedad.
En la toma de decisiones estratégicas, la presencia femenina sigue siendo minoritaria.
La inclusión no debe ser un discurso de temporada ni un compromiso abstracto. Debe ser una práctica constante, visible y verificable. Porque cuando las mujeres no están en la mesa, la conversación queda incompleta. Y una agenda pública construida desde una sola mirada nunca podrá representar a la sociedad en su conjunto.
En un país donde se «habla» cada vez más de igualdad, la ausencia de mujeres en mesas de alto nivel revela que todavía existen dinámicas que limitan su participación plena.
Por otro lado, y no menos importante, la ausencia visual de la foto presume la asfixia de inversión que viven los medios dirigidos por mujeres. El argumento es que la exclusión no es un «olvido», sino una consecuencia directa de un sistema que no financia la independencia de las mujeres.
Pero hay que ir más allá de la imagen: la ausencia de mujeres en esa mesa tiene una raíz económica. Ser dueña o directora de un medio, hoy es una carrera de obstáculos porque las pautas y los presupuestos de publicidad oficial y privada para medios liderados por mujeres son evidentemente más bajos.
Sin una distribución equitativa de los recursos, es imposible sostener estructuras que nos permitan estar presentes, y no me refiero a aparecer como accesorio en las fotos. No se trata solo de que no nos inviten, sino de que el sistema financiero de medios está diseñado para mantener el monopolio en las mismas manos de siempre.
Si no hay inversión en el liderazgo femenino, la ‘inclusión’ de la que hablan, seguirá siendo pura narrativa política y nada de realidad económica.
Pregunta a modo de reflexión: ¿La ausencia física es el resultado de la falta de poder real? Sin recursos equitativos, se limita nuestra capacidad de crecimiento, contratación y, por ende, de representación en estas mesas de poder.
Una mesa sin mujeres no es sólo una falta de cortesía; es una falta de rigor democrático. Una agenda pública dictada únicamente por hombres es una agenda parcial, incompleta y sorda a la realidad de más de la mitad de la población.
La «inclusión» debería dejar de ser una frase de cortesía para convertirse en una política de representación real. No queremos ser la «cuota» en una foto; queremos que se reconozca el liderazgo de las mujeres, que se reciba lo justo por cada trabajo profesional que representamos las directoras, editoras, fotógrafas, jefas de presa, conductoras y reporteras de medios.
El marketing de marzo está lejos de ir a la par con la equidad de género, si le sumamos que cuando alguna mujer del gremio periodístico sobresale en algo, no falta quien sobaje su logro con argumentos del tipo «los hombres arreglan sus asuntos en bares y las mujeres en la cama», «con quien se habrá entendido». «De a como no». Uy esta lista es muy larga. Ejemplos hay muchos.
No se trata de señalar culpables, sino de reconocer que la inclusión no puede depender de la casualidad ni de la buena voluntad. La presencia de mujeres en estos espacios no es un gesto simbólico: es un requisito para garantizar pluralidad, equilibrio y legitimidad institucional.
Esta columna no busca confrontar. Busca recordar algo simple y profundamente humano: cuando una mujer no está en la mesa, falta una parte de la conversación. Falta una experiencia, una sensibilidad, una perspectiva que enriquece y completa.
La inclusión no es un trámite ni una cortesía. Es una forma de reconocer que la realidad se construye entre todas las voces, no sólo entre algunas. Y cuando una fotografía pública no refleja esa diversidad, no solo se pierde una imagen equilibrada: se pierde una oportunidad de diálogo más amplio, más honesto y más representativo.
Además, acapara mi atención el hecho de que no es la única fotografía en la que el género femenino es excluido, en puestos de representación, los funcionarios públicos, generalmente son hombres, quienes usan incluso, más maquillaje que nosotras, al incluir a una o dos mujeres, como accesorio, para «maquillar» la existencia de pluralidad, así mismo, se ven estas ausencias o poca presencia de mujeres en Cámaras, Colegios y Empresarias restauranteras.
Aquí unos ejemplos:

Vemos en la «Foto» la presencia del Fiscal General del Estado, Víctor Antonio de Jesús Hernández. Participaron también autoridades responsables de la seguridad en el estado y el municipio: el secretario de Seguridad Ciudadana, Iovan Elías Pérez; el secretario de Seguridad Pública del municipio de Querétaro, Juan Luis Ferrusca; el Gral. Brig. José Guillermo Lira Hernández, comandante de la 17ª Zona Militar; y el Gral. Brig. Alfredo Salgado Vargas, coordinador estatal de la Guardia Nacional en Querétaro, ah y tambien las Diputadas Ginna Guzmán y Terea Calzada.

En este ejercicio participó el secretario de Seguridad Ciudadana, Iován Elías Pérez Hernández, acompañando del fiscal general del Estado, Víctor Antonio de Jesús Hernández; el comandante de la 17ª Zona Militar, General de Brigada del Estado Mayor, José Guillermo Lira Hernández; el coordinador estatal de la Guardia Nacional en Querétaro, comisario Rubén Torres Martínez; el secretario de Gobierno, Eric Gudiño Torres; el presidente de la Defensoría de los Derechos Humanos de Querétaro, Javier Rascado Pérez; Ah, y la coordinadora de la Mesa de Paz en Querétaro, Martha Gutiérrez Grajeda.

En el evento inaugural estuvieron presentes el secretario de Seguridad Pública de Corregidora, Ángel Rangel; el asesor en Políticas Públicas del Estado, Juan Martín Granados; el comandante de la Décimo Séptima Zona Militar, general José Guillermo Lira; el vicefiscal de Investigación Científica y Policial de la Fiscalía General del Estado, Uriel Guillén; los secretarios de Seguridad Pública de los municipios de Querétaro y El Marqués, Juan Luis Ferrusca y Jorge Luis Barrera respectivamente; el diputado local, Antonio Zapata, Ah y Cristina Fernández de Ceballos.

Como se puede observar sólo hay tres mujeres empresarias del giro restaurantero.
Ojalá que esta ausencia no se convierta en rutina. Ojalá que la próxima foto no sea un recordatorio de lo que falta, sino un reflejo de lo que ya somos: un gremio plural, profesional y capaz, donde las mujeres no solo están, sino que cuentan.
Porque al final, no se trata de aparecer en una imagen.
Se trata de ser parte de la conversación.
Y esa conversación, para ser completa, nos necesita a todas.
*La Carreta por Eréndira Córdoba:
Eréndira Karina Córdoba, Secretaria de Finanzas de la Asociación de Comunicólogos y Periodistas de Querétaro, ACYPEQ y Directora General del Medio de Comunicación en Okey Querétaro y Okey Voz.
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