Opinión

Felipe Calderón regresa, el eco de un pacto político: La Carreta

 

Felipe Calderón regresa, el eco de un pacto político: La Carreta

La Carreta por *Eréndira Karina Córdoba

Lunes 01 de junio del 2026

Felipe Calderón regresa al escenario público como si nunca se hubiera ido. Su sombra se proyecta ahora sobre Maru Campos, gobernadora de Chihuahua, en un gesto que parece más alianza que casualidad. El expresidente, señalado por declarar la guerra contra el narcotráfico y las heridas abiertas de un país que aún sangra, (porque ahora parece que los abrazan), se presentó como consejero y aliado en la narrativa de la mandataria.

La pregunta es inevitable, ¿Qué significa este acercamiento? Para algunos, es un intento de Calderón de recuperar relevancia política, de reinsertarse en la conversación nacional a través de figuras emergentes. Para otros, es la confirmación de que los pactos de poder en México nunca mueren, solo se transforman.

Felipe Calderón habló de lo que muchos prefieren callar, de los desaparecidos, las madres buscadoras que recorren el país con palas y esperanza, los extorsionadores que han convertido la vida cotidiana en un campo de miedo. Su discurso no fue cómodo, pero sí necesario.

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En un México que normaliza la violencia, Calderón recordó que detrás de cada cifra hay un rostro, una familia rota, una historia que exige justicia. Al mencionar a las madres buscadoras, dio voz a quienes han sido invisibilizadas por gobiernos y por la sociedad. Al señalar la extorsión, tocó la herida que sangra en mercados, negocios y barrios enteros.

Su sexenio estuvo marcado por operativos militares y policiales que, aunque polémicos, mostraron una decisión de confrontar a los cárteles. Reconoció que la violencia no es estadística, sino tragedia humana. Puso en el centro a las víctimas invisibles.

Su mensaje fue claro, México necesita despertar. No se trata de un slogan político, sino de una advertencia. El país no puede seguir anestesiado frente a la violencia, ni resignado a que el crimen sea parte del paisaje.

Apoyar a Maru Campos en este contexto no es solo un gesto de respaldo político, sino un intento de tejer alianzas frente a un problema estructural. Calderón se coloca como voz incómoda, pero también como recordatorio de que la seguridad y la justicia no pueden seguir siendo administradas con indiferencia.

Maru, que busca consolidar su liderazgo más allá de Chihuahua, parece encontrar en Calderón un respaldo simbólico, el de un expresidente que, pese a la controversia, representa experiencia y redes de poder. Pero también carga con el costo de esa cercanía, ya que en el discurso de los que llegan al poder, nos han incrustado que fue un sexenio marcado por la violencia y la impunidad, claro, es más fácil señalar a alguien más, pero para eso se postularon, para eso están allí, para solucionar y no para dar clases de historia.

Si, declaró la guerra contra el crimen organizado, pero ahora… ¿es alianza con los delincuentes? dejando de lado a la gente que a diario sale a buscar el sustento para su hogar, adultos y niños sin medicamentos, estudiantes asaltados y madres buscadoras desesperadas, transportistas que no regresan, y la lista sigue.

La Carreta no puede dejar de señalarlo, la política mexicana sigue siendo un tablero donde las piezas se mueven con la misma lógica de siempre, aunque cambien los nombres y los discursos.

Felipe Calderón dejó un sexenio marcado por la presencia de homicidios y un crecimiento económico mesurado, algo estancado; pero, AMLO heredó y amplificó la violencia con cifras récord, mientras que Claudia Sheinbaum presume una reducción en homicidios y estabilidad económica inicial, misma que no se refleja en los bolsillos de los ciudadanos.

Echemos un vistazo a la siguiente comparación de homicidios por sexenio:

PeriodoHomicidios totalesPromedio diarioNarrativa política
Felipe Calderón (2006–2012)120,46355/día“Guerra contra el narco”
AMLO (2018–2024)202,33694/día“Abrazos, no balazos”: récord histórico de homicidios
Claudia Sheinbaum (2024–2026, parcial)Reducción del 49% en homicidios dolosos (sept 2024–mayo 2026)44/día“Construir paz con el

-vamos a investigar-”

La historia reciente de México se puede leer en dos cifras: PIB y homicidios. Calderón inauguró con un crecimiento económico superior al 2% y un saldo de más de 120 mil homicidios. Su lema se convirtió en la base estructural de la estrategia narrativa de AMLO y Sheinbaum, repetir todos los días la frase de la declaración de la guerra contra el narco, sin embargo, las cifras indican que el país que aun creía, y sostenía un crecimiento económico.

AMLO prometió pacificación, pero su sexenio cerró con más de 200 mil homicidios, el récord absoluto. La violencia se expandió a territorios antes ajenos al crimen organizado. El costo económico de la violencia y la corrupción llegó a representar 12.4% del PIB nacional .

Sheinbaum, en contraste, presume una reducción del 49% en homicidios dolosos en apenas 20 meses. Su narrativa es la de la paz con justicia, no a la guerra, y lo que pase, pues, «vamos a investigar». El PIB crece modestamente apenas, pero aun no se refleja en la economía de las familias, quienes aseguran todo está cada vez más caro. La pregunta obligada sería si la violencia volverá a repuntar cuando los discursos se desgasten.

La pregunta es si esta tendencia se consolidará o si, como en sexenios anteriores, la violencia se quedará instaurada y, peor aún, si se puede repuntar más. La presidenta inicio con baja histórica, si, según sus cifras, pero sigue sin consolidar.

La comparación desnuda la paradoja mexicana, cada punto de PIB ganado se pierde en sangre y corrupción. La política de seguridad no sólo define la paz, también condiciona el desarrollo económico.

AMLO prometió abrazos, no balazos, pero entregó el sexenio más sangriento de la historia, más de 200 mil homicidios y un promedio diario cercano a 94 asesinatos. El PIB se movió entre altibajos, con un desplome del -8.2% en 2020 y una recuperación insuficiente. La violencia se convirtió en el impuesto más caro que paga la economía mexicana, el 12.4% del PIB nacional se perdió en inseguridad y corrupción.

Felipe Calderón

Felipe Calderón carga con el peso de un sexenio sangriento, pero también con el mérito de haber sido el primero en atreverse a enfrentar a los delincuentes de manera abierta y frontal. Su discurso actual, al hablar de desaparecidos, madres buscadoras y extorsionadores, no es solo memoria, es un recordatorio de que la violencia sigue ahí y que el país necesita despertar.

En un México donde la política suele maquillar cifras, Calderón se coloca como voz incómoda, pero también como alguien que reconoce que la seguridad no se resuelve con slogans, sino con decisiones difíciles.

La conclusión es brutal, México no ha logrado romper la ecuación entre PIB y homicidios. Cada sexenio administra la violencia como si fuera un indicador económico más, mientras las familias entierran a sus muertos y las comunidades sobreviven con miedo.

La Carreta lo dice sin rodeos, no hay desarrollo posible en un país que normaliza 40, 90 o 100 asesinatos diarios. El PIB puede subir o bajar, pero la violencia, las desapariciones y las extorciones siguen siendo la constante que define quién vive, quién muere y quién gobierna.

 

*La Carreta por Eréndira Córdoba:

Eréndira Karina Córdoba, Secretaria de Finanzas de la Asociación de Comunicólogos y Periodistas de Querétaro, ACYPEQ y Directora General del Medio de Comunicación en Okey Querétaro y Okey Voz.

Eréndira Karina Córdoba

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