Opinión

Las autoridades y las elecciones ¡la maldita duda!

 

Las autoridades y las elecciones ¡la maldita duda!

El Jicote, Por: Edmundo González Llaca

Martes 4 de agosto de 2026

La gran pregunta para las próximas elecciones es: ¿Morena aceptará, en su caso, las derrotas electorales? La actuación de las autoridades electorales en el actual proceso de elecciones, nos dan una pista al respecto.

Morena estrenó la vacilada, por no decir la desvergüenza, de los llamados “Coordinadores de Defensa de la Transformación”, que destruye desde sus cimientos la equidad de todo nuestro proceso electoral. El INE permanece sin fiscalizar, y no hay ninguna consecuencia a las elecciones adelantadas. Nada se sabe de los financiamientos, ni su origen ni su destino.

El Consejo General del INE ha frenado cíclicamente el establecimiento de reglas para fiscalizar los procesos internos del partido. La Presidenta del INE, Guadalupe Taddei, no ve nada, los opositores aseguran que sí oye pero que no los escucha. Terminan sus propuestas y solicitudes y la sesión sigue adelante sin votar nada.

Las autoridades y representantes de Morena aducen que hay un vacío en la ley, lo que también es una mentira, existe una regulación sobre los actos anticipados de campaña. No los aburro, los órganos electorales son rehenes del régimen. En otras palabras, los procesos electorales no tienen árbitro, el INE y el Tribunal Electoral son matraqueros de Morena.

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La autonomía es la condición mínima de la imparcialidad. Si los órganos electorales están secuestrados por el régimen, nos quedaría el Poder Judicial. Tampoco es una posibilidad recurrir a la Suprema Cortesana o a la Fiscalía General de la Nación. Algunos ministros del acordeón y la Fiscal asisten a los actos públicos de Morena, como empleados del partido.

Cuando los opositores y los opinadores hacen la crítica de la omisión y complicidad de las autoridades electorales en todo el proceso, se defienden afirman que están atentos a que se respete la gran prohibición: Los coordinadores no pueden solicitar expresamente el voto. De esta forma los aspirantes pueden hacer recorridos, dar todo tipo de regalos, difundir sus asambleas, pero eso sí, respetuosos de la ley: no piden el voto.

Me recuerda el chiste del marido cornudo. Un amigo le pregunta: – “¿Te engaña tu mujer?” Responde- “Estoy confundido. Me dice que va al salón de belleza que queda en un pasaje de una avenida. La sigo, entra al pasaje, camina al salón de belleza, platica un momento con el estilista y se sale por el otro lado del pasaje.

La sigo, la veo que se sube en el coche de mi compadre (Pinche compadre) que la está esperando. Los sigo, se meten a un motel, los sigo, investigo el cuarto en el que están, llego sigilosamente a la puerta y me asomo por la cerradura. Los puedo ver, están en el centro del cuarto, ella se desnuda, él también se desnuda. ¡Me lleva…, desgraciados! ¡Apagan la luz y me quedo con la ¡maldita duda”!

Los vigilantes de las autoridades electorales asisten a los actos de Morena, van equipados con cámaras y grabadoras. Llegan a auditorios adornados con los símbolos del partido y del convocante. Reparten propaganda, el curriculo del organizador y diversos artículos promocionales.

El orador hace mención a su pasado político, a sus logros y sus planes como legislador y/o gobernante. El orador agradece los aplausos y les dice que pronto regresará. Cosa extraña, no dice para qué. Nunca pide el voto para las próximas elecciones. Los funcionarios electorales se quedan con la ¡maldita duda! que sea un acto anticipado de campaña; imposible aplicarle una sanción.

Supongamos que entramos a Narnia y en ese mundo de fantasía pierde Morena, no cante victoria el ganador. Las autoridades electorales pueden anular la elección por motivos tan gelatinosos como la injerencia extranjera. Si sale una nota en El País o en un periódico gringo sobre su campaña, pues puede ser injerencia extranjera.

Bajo este criterio el triunfo de la actual Presidenta se hubiera podido anular. A los de Morena ya se les olvidó que la entonces candidata apareció en las inmensas pantallas del Times Square en Nueva York. Su imagen a todo color con la rúbrica: “Es Claudia Presidenta”. La Científica negó que ella lo hubiera promovido, a pesar que el anuncio cuesta una lana, hasta ahora las autoridades electorales no saben quién pagó.

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Nuestro gobierno supera a Stalin: “No importa quién vota, sino quién cuenta los votos». Por si las dudas, para Morena lo que importa no es quién vota ni quién cuenta los votos, lo importante es quién decide quien gana, independientemente de la votación.

No tengo idea quién nos pueda rescatar de la democracia del Bienestar. Podrían ser los opositores, lo dudo, han perdido autoridad. Además, de débiles, ahora también ensayan, con mayor pudor que Morena, actos anticipados de campaña. La búsqueda ilegal de ventajas y la simulación son contagiosas.

 Podrían ser los electores, que se desborden en las urnas para expresar con toda claridad su voluntad y con ética cívica cuidan las urnas; defienden, independientemente de colores, a quien gane. Esta posibilidad puede tener como música de fondo el cuento “Era Blanca Nieves, muy bonita”.

Finalmente, podrían venir a vigilar las elecciones asociaciones y organismos internacionales, con intereses siempre sospechosos, a erigirse como árbitros. Obviamente si no le dan el triunfo a Morena serán acusados de violar la soberanía.

Dos cosas me quedan muy claras: ni la Presidenta ni Morena van a aceptar cualquier derrota, serán apoyados por toda la banda de las autoridades electorales y el poder judicial. Ojalá que lo piensen bien. Los triunfadores que no estén legitimados, será difícil que legislen o gobiernen. La paz y la unidad del país quedarían pegadas con alfileres, alfileres un poco más grandes, con bayonetas.

 

 

 

 

 

 

 

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