Menos escuela, más Mundial; hay prioridades. La Carreta
Menos escuela, más Mundial; hay prioridades.
La Carreta por Eréndira Karina Córdoba
Viernes 08 de mayo del 2026
La Secretaría de Educación Pública anunció el recorte del ciclo escolar y aunque el comunicado intenta venderlo como un “ajuste técnico”, lo que realmente revela es algo más profundo, ya que la educación pública sigue siendo el laboratorio donde se experimenta sin medir consecuencias.
Pero lo más revelador no es el recorte en sí, sino el pretexto, el tan esperado Mundial 2026. Sí, el Mundial. Ese evento que México comparte con Estados Unidos y Canadá, y que ahora sirve como argumento para justificar menos días de clase, menos horas de aprendizaje y más improvisación educativa. Como si la educación pública fuera un trámite que se puede ajustar para que no estorbe a la fiesta futbolera.
«Esta modificación obedece, principalmente, a la extraordinaria ola de calor que se está viviendo en estos días y que seguirá durante el mes de junio y julio. También por la realización del Mundial en nuestro país«, así lo manifestó Mario Delgado.
Porque recortar días de clase no es un trámite administrativo, es una decisión política que impacta directamente en el aprendizaje, en las familias, en los docentes y en la ya frágil estructura educativa del país. Y, sin embargo, se anuncia como si fuera a mover sólo una coma en un documento.
El país que presume futuro, pero recorta presente por que es evidente que México insiste en hablar de “economía del conocimiento”, “innovación” y “transformación educativa”, pero al mismo tiempo reduce el tiempo efectivo de aprendizaje, justo cuando los estudios internacionales muestran que seguimos arrastrando rezagos profundos tras la pandemia.
La SEP asegura que el recorte permitirá “fortalecer la planeación docente”, pero sin duda, la realidad es otra, ya que menos días de clase significan menos horas para recuperar aprendizajes en el plano más básico.
Menos tiempo en aula implica más desigualdad, porque quienes pueden pagar clases extra lo harán, y quienes no, simplemente se quedarán atrás.
Menos escuela también significa más carga para madres y padres, que ya sostienen con alfileres la logística familiar.
El Mundial, que se celebrará del 11 de junio al 19 de julio, pareciera una cortina de humo como tantas otras que hemos visto pasar y luego olvidar en nuestro país; el argumento anunciado por el funcionario federal es tan débil que se cae solo, ya que el torneo del balompié no requiere cerrar escuelas, por supuesto que tampoco exige recortar calendarios ni obliga a modificar procesos educativos.
Lo que sí revela es otra cosa muy clara, la SEP no tiene control sobre su propio sistema, y cualquier evento externo —político, deportivo o administrativo— se convierte en excusa para mover piezas sin medir consecuencias, todo esto, supuestamente, para “facilitar la logística del Mundial”.
El silencio incómodo: ¿por qué se recorta realmente? Nadie lo dice abiertamente, pero en los pasillos educativos se habla de tres razones, primeramente nos encontramos con la presión sindical y los ajustes para cumplir con calendarios internos, cursos, evaluaciones y procesos administrativos.
Por otro lado el ahorro operativo, lo que en teoría se reflejaría en que menos días de escuela significan menos gasto en servicios, energía y operación, además de que así, las autoridades no reconocen lo deficiente que se encuentran las aulas al carecer de una buena ventilación de espacios, canchas o áreas comunes techadas y ya lo mínimo, agua en los baños.
Algo que sin lugar a dudas, generará un desorden institucional ya que, reconozcámoslo o no, la SEP lleva años improvisando calendarios, lineamientos y programas sin una visión de largo plazo.
Si el recorte fuera realmente por “mejorar la planeación”, la SEP habría presentado datos, diagnósticos, evaluaciones, obviamente no lo hizo y cuando no hay evidencia, lo que queda es sospecha.
Los maestros se encuentran entre la vocación y la contradicción, ya que el magisterio vive en una paradoja donde se le exige más, se le evalúa más, se le responsabiliza con más papeleo, pero… se le da menos tiempo para trabajar frente a grupo.
El recorte del ciclo escolar no reconoce su labor; la reduce a una agenda administrativa que se ajusta desde un escritorio en la capital, parece una decisión tomada al vapor, pese a que se reunieron los secretarios de educación estatales, habría que conocer las opiniones tanto a favor como en contra de esta medida.

Por otro lado, deja a las familias olvidadas, en un país donde la mayoría de las madres trabajan sin horarios flexibles, donde los abuelos ya no pueden cargar con todo y donde la escuela es también un espacio de cuidado, recortar días es ignorar la realidad social.
Lo evidente es que la SEP no consultó a nadie. No dialogó con comunidades escolares. No midió el impacto. Sólo anunció.
La pregunta que nadie quiere hacer. Si México tiene uno de los rendimientos escolares más bajos según la OCDE, el país aparece sistemáticamente entre los últimos lugares en inversión, aprendizaje y conclusión de estudios.… ¿el problema es el tiempo o es el modelo?
Recortar días no resuelve nada. Solo disfraza la incapacidad de transformar el sistema educativo. El país que necesita sumar, no restar, ya que México no necesita menos escuela. Necesita docentes acompañados con infraestructura digna, con programas claros, con evaluación real, con continuidad, con visión.
Recortar el ciclo escolar es una decisión pequeña para un problema enorme, por supuesto es administrar la crisis, no resolverla.
El Mundial pasará, la crisis y el rezago educativo, no. Mientras la SEP juega, no con un balón, sino con el calendario para la fiesta futbolera, millones de niñas, niños y adolescentes siguen esperando que alguien les tome en serio el futuro.



