
La misma feria de siempre, no importa cuando lo leas. La Carreta
La misma feria de siempre, no importa cuando lo leas. La Carreta
Por *Eréndira Karina Córdoba
Viernes 02 de octubre del 2026
Querétaro presume con razón muchas cosas, entre ellas la seguridad relativa, el crecimiento económico, la llegada de inversión, por supuesto la calidad de vida y una imagen de modernidad que lo ha convertido en uno de los estados más atractivos para vivir en México y para disfrutar como turista nacional o extranjero.
Querétaro es un destino turístico, gastronómico, industrial, aeronáutico y culturalmente extraordinario. Un visitante que llega a Querétaro merece encontrarse con una ciudad única, pero si su experiencia se limita al recinto ferial, se lleva una versión muy reducida de lo que realmente es el estado.
Al salir de la feria, en menos de 30 minutos puede encontrar el majestuoso Acueducto de Querétaro, símbolo indiscutible de la ciudad. El Centro Histórico, Patrimonio Mundial de la UNESCO, con plazas, casonas virreinales y templos barrocos. La Plaza de Armas y el corazón de la antigua ciudad colonial.
El Templo y Ex Convento de la Santa Cruz, donde nació una parte importante de la historia nacional. Los andadores de 5 de Mayo, Madero y Libertad, llenos de cafés, galerías y vida cultural. El Museo Regional, el Museo de Arte y una creciente oferta cultural. El barrio de Hércules, que se ha transformado en un polo gastronómico y cultural. Viñedos de talla internacional a pocos kilómetros.
La Ruta del Queso y el Vino. Los Pueblos Mágicos de Bernal, Tequisquiapan, Jalpan, Cadereyta, Amealco y Pinal de Amoles. La Sierra Gorda, considerada uno de los grandes tesoros naturales de México; la lista de rincones mágicos es muy extensa, los atractivos, sus tradiciones y cultura sorprenden a oriundos y visitantes.
Pero hay una tradición que parece haberse quedado atrapada en el tiempo y que año tras año exhibe una preocupante incapacidad para evolucionar, la estancada Feria Internacional Ganadera de Querétaro.
Todo está listo para la edición 2026 y, sin embargo, la sensación es la misma que hace diez o veinte años. Cambian las fechas, cambian los boletos, cambian algunos nombres del cartel, pero el modelo sigue intacto. La feria parece vivir en un bucle permanente donde la innovación está prohibida y la autocrítica es inexistente. Porque una cosa es hacer negocio y otra muy distinta ofrecer un espectáculo de calidad.
La Unión Ganadera Regional de Querétaro sigue organizando una feria como si el estado fuera el mismo de hace dos décadas. Como si Querétaro no hubiera crecido, como si no hubiera cambiado su perfil demográfico, como si no compitiera con otras ciudades que entendieron hace tiempo, que una feria moderna es mucho más que corrales, juegos mecánicos y artistas reciclados.
La experiencia empieza mal desde que uno intenta llegar a la Feria «Internacional», a la que las autoridades se refieren como una «gran fiesta familiar». Estacionamientos caros y en condiciones deplorables. Extensiones de tierra convertidas en nubes de polvo. Vialidades saturadas. Señalización deficiente. Caminos poco amigables para personas con discapacidad y familias con niños pequeños o adultos mayores. Y si el visitante logra entrar, tampoco encuentra mucho consuelo.
Los baños suelen convertirse en uno de los principales puntos de queja. Filas interminables, mantenimiento insuficiente y una experiencia poco digna para un evento que presume ser internacional. Lo mismo ocurre con la movilidad interna y los espacios de descanso.
La pregunta es inevitable, ¿alguien piensa realmente en los adultos mayores? Porque recorrer kilómetros sobre tierra, sortear escalones, caminar entre polvo y esperar largos periodos de pie parece formar parte del modelo de negocio. La empatía brilla por su ausencia. Y luego viene el golpe al bolsillo.
Precios elevados casi en todo. Alimentos, bebidas, estacionamiento y atracciones que difícilmente corresponden con la calidad ofrecida. El visitante termina pagando tarifas de primer nivel por servicios que parecen detenidos en los años noventa.
Los juegos mecánicos son otro ejemplo. Muchas atracciones parecen salidas de un catálogo de 1997. No sorprenden, no innovan y difícilmente compiten con las experiencias que ofrecen otras ferias de la región.
Pero donde la distancia resulta más evidente es en la cartelera artística. Mientras otros estados han apostado por ser punta de lanza de sus talentos locales combinados con talento internacional y construir espectáculos competitivos, Querétaro parece aferrarse a la fórmula de siempre, los mismos nombres, los mismos públicos y la misma falta de proyección.
Y aquí es donde la comparación se vuelve inevitable. La Feria de León juega en otra categoría desde hace años. Su capacidad de organización, atracción turística, infraestructura y oferta de entretenimiento la colocan en las grandes ligas nacionales. Pero ni siquiera hace falta comparar a Querétaro con León. Basta mirar a Irapuato. Sí, Irapuato.
La Feria de las Fresas ha demostrado en los últimos años que una ciudad puede reinventar su evento, diversificar públicos, mejorar su cartelera y convertir una feria regional en un atractivo turístico relevante.
Mientras Irapuato apuesta por transformarse, Querétaro insiste en repetirse. Mientras otros innovan, aquí se administra la inercia. Mientras otros compiten, aquí parece bastar con cobrar.
El problema no es que exista una feria ganadera. Nadie discute la importancia histórica y económica del sector pecuario. El problema es que sus organizadores siguen creyendo que una feria estatal debe pensarse únicamente desde esa lógica.
Las ferias modernas generan turismo, fortalecen la identidad local, promueven la cultura, atraen inversión, generan derrama económica y proyectan una ciudad hacia el exterior. Son grandes motores de desarrollo.
Querétaro podría tener una de las mejores ferias del país. Tiene infraestructura, conectividad, capacidad hotelera, crecimiento poblacional, calidez de su gente y una ubicación privilegiada en el Bajío. Lo que no parece tener es una visión a la altura de su presente. Por eso cada año se escucha el mismo comentario en redes sociales, en las sobremesas y en las filas de acceso, «Es la misma feria de siempre».
Y quizá ese sea el verdadero problema. No que sea ganadera. No que sea negocio. No que cobre caro. Sino que después de tantos años nadie parece dispuesto a reconocer que el modelo está agotado. Querétaro cambió. Sus habitantes cambiaron. Sus exigencias cambiaron. La feria no cambio, sigue estacionada en el pasado.
Y cuando una ciudad avanza y uno de sus principales escaparates de plataforma turística permanece inmóvil, el riesgo es claro, tarde o temprano la competencia termina llevándose a los visitantes, la derrama económica y el prestigio. Porque la tradición merece respeto. La falta de proyección, no.
La diferencia no está solamente en los artistas. Está en la visión, mientras León convirtió su feria en un motor económico capaz de generar más de 9 mil millones de pesos y atraer 6.7 millones de visitantes, Aguascalientes destina más de 185 millones de pesos únicamente a la producción artística y complementa esos recursos con una sólida participación de patrocinadores privados. Incluso Irapuato, una ciudad mucho más pequeña, reportó más de 461 mil asistentes y una derrama de 171 millones de pesos, además de políticas de inclusión y transporte gratuito.
En contraste, la Feria Internacional Ganadera de Querétaro sigue operando bajo una lógica que parece conformarse con repetir la misma fórmula. Mientras otras ferias compiten por atraer turismo nacional e internacional, aquí pareciera que basta con poner los mismos juegos, los mismos puestos, los mismos artistas y volver a cobrar cada año como si se tratara de una novedad.
Si en 2023 el Gobierno del Estado aportó 20 millones de pesos para actividades ganaderas y además cada año despliega cientos de elementos de seguridad, transporte especial, protección civil, vialidades y recursos humanos financiados por los contribuyentes, ¿por qué la experiencia general para el visitante sigue siendo tan deficiente?
El gobernador Mauricio Kuri González declaró que el estado seguirá apoyando la realización de la feria «como cada año», el gobierno estatal participa con apoyo logístico, seguridad, movilidad y transporte público gratuito hacia el recinto ferial. También se contempla un operativo de aproximadamente 2,000 elementos de diversas corporaciones.
Respecto al municipio de El Marqués, hay evidencia de participación institucional, claro, con la presencia del alcalde para la foto en la inauguración y aporta también promoción mediante el Pabellón Marquesino, más no existe una cifra pública verificable sobre una aportación directa de recursos municipales para la organización de la feria.
Aunque la feria es operada por la Unión Ganadera, recibe beneficios y servicios públicos financiados con dinero de todos los queretanos, por lo que resulta legítimo exigir estándares más altos de calidad, accesibilidad, limpieza, movilidad e innovación.
De hecho, comparativamente, mientras Feria Nacional de San Marcos reconoce públicamente inversiones superiores a 185 millones de pesos en artistas y producción, y Feria Estatal de León presume una estrategia turística que generó más de 9 mil millones de pesos de derrama económica, la Feria Ganadera de Querétaro merece evaluar cómo esa suma de esfuerzos gubernamentales se pueden traducir en beneficios para los asistentes.

A modo de referencia, las estadísticas arrojan que la Feria Estatal de León 2025, sumó más de 6.7 millones de visitantes y más del 85% de las actividades fueron gratuitas. Reconociendo que una de sus principales atracciones fueron los conciertos con artistas internacionales como Sam Smith, Def Leppard y otros espectáculos de alcance global.
En cuanto a la Feria Nacional de San Marcos 2025 (Aguascalientes), declaró una inversión superior a 185 millones de pesos sólo en artistas y producción del Foro de las Estrellas. El propio Patronato informó que entre 30% y 35% de los recursos provienen del Gobierno Estatal y el resto de patrocinadores privados. Presentando carteleras con artistas internacionales como Maroon 5, The Killers, Scorpions y Pitbull.
Por su parte, la Feria de las Fresas de Irapuato 2025, acaparó a más de 461 mil asistentes, dejando una derrama económica de 171.6 millones de pesos. Ofreció transporte gratuito para miles de usuarios. Colándose en el reconocimiento internacional como feria incluyente. Se encuentra cocinando una versión 2027 más moderna y con más artistas internacionales, buscando alcanzar una superar los 500 mil visitantes.
En lo referente a la Feria Internacional Ganadera de Querétaro 2026, proyecta 400 mil visitantes y una derrama económica estimada de 500 millones de pesos. Cobrando la entrada general de 100 pesos, el estacionamiento también en 100 pesos; mientras que niñas y niños con estatura menor a un metro, adultos mayores, personas con discapacidad y niñas y niños beneficiarios del DIF tendrán acceso gratuito, palomita para la feria queretana.
Cien pesos, si; pero aquí la verdadera pregunta ya no es si la Feria de Querétaro es cara. La verdadera pregunta es por qué los queretanos siguen pagando precios de primer nivel para recibir una experiencia que se quedó atrapada en otro siglo.
Porque una feria no se mide por cuánta tierra levanta el viento en los estacionamientos ni por cuántos puestos logra rentar. Se mide por la calidad de la experiencia que entrega. Mientras León, Aguascalientes e incluso Irapuato entienden que las ferias son herramientas de desarrollo turístico, económico y cultural, la Unión Ganadera sigue vendiendo nostalgia como si fuera innovación. Y la nostalgia, por sí sola, ya no llena ferias.
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