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La reforma fiscal que viene dentro del Paquete Económico 2027

 

Una presión fiscal cada vez mayor viene dentro del Paquete Económico 2027, la reforma que apretará la tuerca.

Me parece increíble que en México estemos hablando de absolutamente todo menos de una de las cosas que sí puede terminar afectando directamente el bolsillo, las empresas y los empleos de millones de personas: la reforma fiscal que viene dentro del Paquete Económico 2027.

Y entiendo por qué pasa. Los impuestos son aburridos, son complicados y la mayoría de las personas escucha palabras como “deducciones”, “pérdidas fiscales” o “ingresos acumulables” y cambia de tema. Pero precisamente por eso deberían estar poniendo atención, porque mientras nosotros discutimos la estupidez política del día, están proponiendo cambiar de manera bastante fuerte cuánto ISR pueden terminar pagando ciertas empresas.

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Primero hay que aclarar algo: esto todavía es una propuesta, no una ley aprobada. Y tampoco aplicaría a la tiendita de la esquina. El nuevo límite está planteado para personas morales con más de $50 millones de pesos de ingresos acumulables al año que determinen utilidad fiscal. Pero ojo con una cosa que mucha gente no entiende: ingresos no significa ganancias. Que una empresa facture $50 millones no significa que el dueño se embolsó $50 millones; de ahí salen mercancías, nóminas, renta, maquinaria, créditos, transporte, proveedores y quién sabe cuántas cosas más.

Ahora viene lo interesante. Para esas empresas quieren limitar las deducciones. Si tus deducciones superan el 96.67% de tus ingresos, en el ejercicio solamente podrías aplicar hasta ese 96.67%. Pongámoslo extremadamente sencillo: una empresa factura $100 millones y tiene $98 millones de deducciones legítimas. Hoy tendría una utilidad fiscal de $2 millones y, simplificando el ejemplo, pagaría unos $600 mil de ISR. Con la propuesta sólo podría aplicar $96.67 millones de esas deducciones en ese ejercicio, tendría una base de $3.33 millones y terminaría pagando aproximadamente $999 mil de ISR. Los $1.33 millones restantes no desaparecen, pero se mandan hacia ejercicios posteriores.

Y todavía hay otra parte que casi nadie está mencionando: también quieren limitar cuánto puedes utilizar de tus pérdidas fiscales de años anteriores. Si una empresa tuvo años malos, perdió dinero y finalmente comienza a recuperarse, ya no podría necesariamente utilizar toda esa pérdida contra la utilidad del año: la propuesta la limitaría al 50% de la utilidad fiscal. Es decir, puedes venir arrastrando pérdidas reales de años anteriores, comenzar apenas a recuperarte y el Gobierno decirte: “qué bueno que ya ganaste dinero, pero sólo te voy a dejar utilizar una parte de esas pérdidas ahorita; págame ISR y lo demás úsalo después”.

Y ahí es donde empieza a molestarme el discurso de “no hay nuevos impuestos”.

Técnicamente la tasa corporativa del ISR sigue siendo 30%. Sí. Pero si cambias las reglas para reducir cuánto puede deducir una empresa y cuánto de sus pérdidas puede utilizar, puedes hacer que termine pagando más impuestos sin mover la tasa un solo punto. Puedes llamarle mecanismo de control, combate a las factureras o como quieras; para la empresa que tiene gastos reales, documentados y necesarios, el dinero que sale de su cuenta sigue siendo dinero.

Y antes de que aparezca el típico experto de Facebook diciendo: “pues si una empresa no puede pagar, que cierre”, entiendan cómo funciona una economía. Una empresa no es solamente “el empresario rico”. Una empresa paga salarios, compra a proveedores, contrata transporte, renta inmuebles, consume servicios y mantiene empleos. Cuando ahorcas el flujo de una empresa, el dueño no necesariamente es el primero que recibe el golpe: pueden desaparecer bonos, contrataciones, aumentos, inversiones y eventualmente puestos de trabajo.

Lo que también me parece increíble es que México tenga una informalidad laboral de alrededor del 55% de la población ocupada, pero la solución vuelva a concentrarse en apretar todavía más los controles sobre quienes ya están dentro del sistema formal.

No estoy diciendo que una empresa grande deba poder inventarse facturas o deducir cualquier cosa. Si alguien evade impuestos, persíganlo y cóbrenle. Pero una factura falsa y un gasto real de una empresa no son lo mismo, y la autoridad debería ser capaz de perseguir al que hace trampa sin asumir que prácticamente cualquier empresa con márgenes pequeños está haciendo algo sospechoso.

Y todo esto ocurre porque tenemos una presión fiscal cada vez mayor. El Gobierno necesita recaudar más, quiere reducir el déficit y al mismo tiempo está garantizando más de un billón de pesos para programas prioritarios y sociales, con incrementos por encima de la inflación. Podemos discutir si esos programas son buenos o malos, pero el dinero tiene que salir de algún lado. No existe el gasto público gratis.

La reforma

Ese es precisamente el debate que México debería estar teniendo.

¿Queremos más programas? Perfecto. ¿Cómo los vamos a pagar?
¿Queremos combatir la evasión? Perfecto. ¿Cómo distinguimos al evasor de una empresa legítima con márgenes pequeños?
¿Queremos recaudar más? Perfecto. ¿Por qué más de la mitad del empleo sigue en la informalidad mientras seguimos cargando nuevas reglas sobre el sector formal?

Eso me interesa muchísimo más que el escándalo político de esta semana.

Porque el político se va.

Pero una mala regla fiscal puede quedarse años.

Y cuando una empresa deje de invertir, recorte personal, aumente sus precios o cierre, probablemente mucha gente que hoy dice “a mí eso de los impuestos de las empresas no me importa” va a descubrir de la peor manera que los impuestos de las empresas también terminan afectando a las personas.

Pero bueno, ¿ustedes qué opinan?

Porque a mí sí me preocupa bastante que un cambio de este tamaño esté pasando prácticamente debajo del radar mientras el país está entretenido hablando de memes famosos sin sentido.

 

Por Olaf Lozano foto ilustrativa

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